Mi despiadado rey alfa
Logan, el rey alfa de sangre fría, vivió aislado y temido. Todo cambió cuando conoció a Anya, una loba tan peligrosa como irresistible. Aunque la rechazó, el deseo creció. Entre instinto y destino, ambos cayeron en un amor prohibido donde la bestia y el corazón lucharon hasta rendirse.
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El té y la tensión en la mansión
En Mi despiadado rey alfa, la escena inicial parece una conversación tranquila entre dos personajes sentados frente a frente, con tazas de cerámica oscura y luces tenues que danzan sobre los tapices antiguos. Pero basta observar sus ojos: él, con cejas ligeramente levantadas y gesto de quien oculta algo; ella, con el labio inferior apretado y las manos entrelazadas como si contuviera un secreto. La tensión no está en lo que dicen, sino en lo que callan. Luego, el giro: la joven, ahora con delantal y escoba, barre el suelo con una energía casi teatral, mientras otra mujer —elegante, con vestido verde oscuro y mirada penetrante— baja las escaleras como si fuera una aparición. El choque no es físico, pero sí simbólico: una sirvienta soñadora frente a una dama que sabe exactamente quién manda aquí. La estatua del ángel guerrero al fondo no es decoración casual: es un recordatorio de que en esta casa, hasta los santos llevan espadas.