La tensión entre estos dos es insoportable. Ver cómo ella intenta seducirlo mientras él revisa documentos financieros crea un contraste brutal entre el deseo y los negocios. La escena final en el balcón, donde él quema el archivo frente a ella, es pura poesía visual sobre el desprecio. En ¡Querido, yo también te engañé! nadie gana fácilmente. La química es eléctrica, pero el dolor se siente real. Definitivamente quiero ver más de esta dinámica tóxica en la aplicación.