La tensión en esta escena es insoportable. Ver a la chica de blanco descubrir la traición mientras la otra pareja se besa apasionadamente rompe el corazón. La actuación de la mujer en el vestido negro es fascinante, mostrando una frialdad calculadora que contrasta con el dolor de la otra. En ¡Querido, yo también te engañé! los giros dramáticos son constantes y te mantienen pegado a la pantalla. La iluminación tenue y los primeros planos intensifican la atmósfera de secreto y lujuria. Definitivamente, este drama sabe cómo jugar con las emociones del espectador.