La atmósfera de esta escena es pura electricidad estática. Ver cómo ella se quita la bata y se acerca con esa determinación fría mientras él fuma, creando una barrera de humo, es fascinante. La dinámica de poder cambia en cada segundo, especialmente cuando ella toma el control sentándose sobre él. En ¡Querido, yo también te engañé!, estos momentos de silencio dicen más que mil palabras. La química entre los actores hace que quieras gritarles que se besen ya o que se maten, no hay término medio.