La tensión entre estos dos es eléctrica, pasando de un beso apasionado a un juego psicológico frío en segundos. La escena donde ella busca la pieza bajo el sofá y él aparece en bata crea una atmósfera de peligro inminente. Ver cómo ella toca su pecho mientras él fuma con mirada perdida en ¡Querido, yo también te engañé! demuestra que este romance es una partida de ajedrez donde nadie gana realmente. La química visual es abrumadora.