La escena de la comida es tan cálida que dan ganas de meterse en la pantalla. La madre le regala un jade a la hija, un detalle lleno de amor tradicional, pero la llegada del chico con el balón cambia todo. Ver a los espías con prismáticos añade un toque de comedia absurda que no esperaba. En Plan renacer: segunda crianza, la mezcla de ternura familiar y misterio externo funciona de maravilla. La chica parece confundida pero feliz, y esa sonrisa al final lo dice todo. ¡Qué química hay en esa mesa!