¡Qué montaña rusa de emociones! Ver a la chica atada en ese almacén oscuro me puso los nervios de punta, pero la llegada del chico con esa mirada de protección total cambió todo el ambiente. La transición a los recuerdos felices en el parque, corriendo entre burbujas y columpios, es simplemente preciosa y contrasta brutalmente con la tensión inicial. En Mi guardaespaldas es el gran jefe, la química entre ellos es innegable, especialmente en esa escena del coche donde el peligro acecha de nuevo. ¡No puedo dejar de ver cómo él arriesga todo por ella!