La tensión en esta escena de El tirano dominador insiste en mimarla es palpable. Ver al médico negar con la cabeza mientras la dama se desmorona es desgarrador. La actuación de ella, pasando de la esperanza a la devastación absoluta al tomar su mano, es magistral. La iluminación de las velas crea una atmósfera íntima y triste que te atrapa. Es un momento de dolor puro y amor no correspondido que duele en el alma.