¡Qué escena tan deliciosa! Ver a la protagonista comiendo semillas de girasol con tanta calma mientras el oficial entra furioso es puro oro cómico. La tensión entre ellos en El tirano dominador insiste en mimarla se siente como un juego de gato y ratón, pero con mucho estilo. Los detalles del vestuario y la decoración transportan a otra época, y la expresión de ella al lanzarle la cáscara es simplemente épica. Una mezcla perfecta de drama y humor que te deja queriendo más.