La escena del banquete en El tirano dominador insiste en mimarla está cargada de emociones encontradas. Mientras el emperador alimenta cariñosamente a su concubina favorita con uvas, la emperatriz aprieta los puños con una furia contenida que se siente en el aire. Los bailarines y sirvientes parecen nerviosos, conscientes del peligro que corre cualquiera que interrumpa este momento de celos palaciegos. La mirada de la emperatriz lo dice todo: esto es solo el comienzo de una tormenta.