La atmósfera azulada y las luces de neón crean un escenario perfecto para el desahogo emocional. Ver a la protagonista en blanco, con ese lazo enorme y ojos llorosos, mientras su amiga en rojo la consuela, es una escena que duele pero atrapa. La química entre ellas es palpable; ese apretón de manos dice más que mil palabras. En medio de tanta tensión, recordar momentos de Después de renacer, destrocé al canalla hace que esta escena de confidencia alcohólica se sienta como el preludio de una gran venganza.