Él, impecable en marrón, se levanta como si el mundo dependiera de su postura. Ella, frágil en rayas azules, se encoge sin moverse. Ese instante en que sus manos casi se tocan… ¡ah! Amar u odiar empieza justo antes del contacto. El drama no está en lo que dicen, sino en lo que callan. 😳
En la habitación de neurología, el silencio pesa más que las sábanas blancas. Ella sostiene la taza, él observa cada parpadeo. La abuela se retira con gesto de quien ya ha dicho todo. Amar u odiar no es una elección aquí: es una herida abierta que respira entre sus miradas. 🫶