Jorge entra con elegancia, pero sus ojos no engañan: está atrapado en su propio juego. Hugo se agacha, grita, ríe… y en cada gesto, revela que él también está encerrado —solo que su jaula es invisible. Las mujeres callan, pero sus miradas hablan más que mil diálogos. En Mi mamá, una maestra, hasta el mal tiene su propia lógica… y su precio 💔
Hugo, con su traje verde y sus palillos, sirve comida como si fuera un ritual. Pero detrás de esa sonrisa forzada hay miedo… y una jaula con dos mujeres que observan todo en silencio. El fuego al frente ilumina más de lo que quisiéramos ver. Mi mamá, una maestra, nunca enseñó esto… pero aquí el poder se come a sí mismo 🍜🔥