La tensión en la sala de control es insoportable. Ese anciano con mirada de pocos amigos presiona el botón y desata el caos. La llegada del equipo táctico con máscaras futuristas eleva la adrenalina al máximo. Me encanta cómo Mi esposo inútil, el arma perfecta maneja estos giros inesperados sin perder el ritmo. Los protagonistas quedan acorralados pero sus expresiones dicen que aún tienen un as bajo la manga. ¡Qué final tan intenso!