Ver a ese niño ensangrentado y luego convertido en luchador me rompió el corazón. La transformación del protagonista en Mi esposo inútil, el arma perfecta no es solo física, es emocional. Cada mirada del villano con gafas hiela la sangre, y la tensión entre ellos se siente hasta en los silencios. Escenas como la operación borrosa o la pelea en la jaula están cargadas de simbolismo: dolor, control, redención. No es solo acción, es una historia de supervivencia con alma.