La tensión entre las dos chicas es palpable desde el primer segundo, pero la llegada del chico con gafas cambia totalmente la dinámica. Me encanta cómo en Al volante, sin permiso manejan estos silencios incómodos que dicen más que mil palabras. La escena del camión verde añade un toque nostálgico perfecto, y ese final con los dos hombres fumando deja un misterio que me tiene enganchada. ¡Necesito ver qué pasa después!