En *La verdadera y falsa presidenta*, el dolor de Liang no es teatral: es visceral. Arrodillado ante la tumba con letras rojas, su grito rasga el aire lluvioso mientras ella observa, paralizada bajo el paraguas. ¿Es culpa? ¿Arrepentimiento? La cámara no juzga, solo registra. 💔 #CortoQueDuele