La tensión en esta sala es insoportable. Ver a la chica de dorado servir agua con hielo a la mujer del traje verde mientras la otra observa con esa sonrisa de superioridad es puro veneno. En Volví a enamorarme de ti, los detalles pequeños como ese vaso empañado dicen más que mil palabras sobre la jerarquía y el desprecio. La escena de la oficina con la jefa de blanco impone respeto, pero es en el salón donde se libra la verdadera guerra psicológica. ¡Qué final tan abierto!