La escena nocturna entre el hombre del traje rojo y el joven con chaqueta verde es pura electricidad. Se nota que hay un pasado pesado entre ellos, y cada palabra no dicha pesa más que los platos de comida en la mesa. En Mi papá es un jefe mafioso, estos momentos de silencio incómodo son tan poderosos como cualquier explosión. La mirada del hombre mayor, llena de decepción y autoridad, contrasta perfectamente con la ansiedad visible del chico. Es un duelo psicológico fascinante que te deja pegado a la pantalla esperando ver quién cede primero.