La tensión en este episodio de Mi papá es un jefe mafioso es insoportable. Ver a la chica con la sudadera gris siendo intimidada por esas dos chicas con estilo tan rebelde duele en el alma. El momento en que saca el dinero arrugado y lo pone sobre la mesa muestra una dignidad rota que te parte el corazón. Los dueños del puesto miran con impotencia, creando una atmósfera de injusticia social muy potente. La actuación de la protagonista transmite un dolor silencioso que resuena mucho más que los gritos. Una escena cruda y realista sobre el acoso que no puedes dejar de mirar.