Los recuerdos muestran la verdadera naturaleza de Derek. Acusar a una niña de la muerte de su madre es el nivel más bajo de crueldad. En Entre mujeres nos ayudamos vemos cómo el pasado siempre alcanza a los monstruos. La tensión en la escalera es insoportable, no podía dejar de mirar.
Pensé que lo dejaría caer, pero despertarse en el hospital cambia todo el juego. ¿Fue un sueño o una segunda oportunidad? La frase Felicita-malditas-ciones rompe la tensión de forma perfecta. Entre mujeres nos ayudamos nos deja con la duda de si el infierno es real o está en la mente de Derek.
Aunque no la vemos mucho, su presencia pesa en toda la trama. Derek la torturó, pero su memoria es la que lo condena. En Entre mujeres nos ayudamos, las víctimas tienen la última palabra, incluso desde el más allá. La narrativa es intensa y no perdona a los abusadores.
Ver a la pequeña Daphne llorando mientras la culpan es desgarrador. Ella es la verdadera inocente en este caos. Entre mujeres nos ayudamos nos recuerda que los niños son los que más sufren las guerras de los adultos. Ojalá encuentre paz ahora que el ciclo de violencia parece romperse.
La calma con la que ella le habla mientras él se desmorona es escalofriante. No hay gritos, solo verdad. En Entre mujeres nos ayudamos, la venganza no es ruido, es sentencia. La escena de la mano siendo pisada es el símbolo perfecto de que ya no hay escapatoria.