Antonio Martínez fue un falso campeón de cocina. Traicionado y encarcelado, aprendió el verdadero arte con el anterior Dios de la Comida. Al salir, ayudó a su nieta Beatriz, recuperó la confianza del público con sus fideos del olvido y, en la final, expuso a sus enemigos, limpió su nombre y protegió la cocina del Gran Reino del Verano.