Ver a Salvador Herrera alimentando con ternura a un hombre golpeado mientras la TV anuncia la desaparición de Alejandro Silva es una escena que te atrapa. En Chef supremo del mundo, los detalles importan: el vapor del bao, la mirada vacía, la risa nerviosa. No es solo comida, es redención. La atmósfera del restaurante, con sus faroles rojos y mesas de madera, contrasta con el drama humano. ¿Será que el campeón está más cerca de lo que creemos?