La tensión en *La verdadera y falsa presidenta* no está en los gestos exagerados, sino en los segundos de silencio: ella ajusta su pendiente mientras él se arrastra; él hojea el sobre rojo con calma fingida. Cada arruga en la pared refleja una mentira acumulada. 💔 Un corto que te deja con el corazón en la garganta y la mente preguntando: ¿quién es la verdadera?