Una maleta caída, una camisa blanca empapada, un coche que se aleja… En *La verdadera y falsa presidenta*, cada detalle grita abandono. La tensión no está en los diálogos, sino en el silencio entre dos mujeres que alguna vez compartieron infancia. El campo verde ya no es idílico: es testigo de una ruptura lenta y fría. 🎒🌾