La verdadera y falsa presidenta no necesita diálogos largos: basta una mirada de la chica con vaqueros al salir, una mano sobre otra, y el techo agrietado que refleja sus vidas rotas. El joven con chaqueta gráfica se desmorona en silencio mientras los demás intentan sostenerse. ¿Quién es la falsa? Tal vez todos lo somos cuando negamos el dolor. 🌫️