David, con su chaqueta floral y lágrimas desbordadas, es la encarnación del dolor inocente. La tensión con Andrés —ese hombre de camisa ondulada— es eléctrica. Cuando cae al suelo, no es solo un cuerpo: es la caída de una ilusión. La escena en el pabellón forestal respira tragedia familiar. ¡La verdadera y falsa presidenta nos recuerda que el poder no siempre está en el título, sino en quién sostiene la mano del otro! 🌿