Cuando el trigal de la aldea ardió, arriesgué mi cosechadora para detener el fuego. Pero el alcalde me culpó por las pérdidas y me exigió una fortuna. Al negarme a pagar, él y los aldeanos destrozaron mi única herramienta. Ahora, un segundo incendio ha estallado y el alcalde vuelve a mi puerta. ¿Cómo piensa que voy a ayudarle esta vez?