Daniela Soto había soportado humillaciones como pasante para pagar la operación de su abuela. Diego Mendoza, el hombre más poderoso de Puerto Alba, no podía soportar el contacto físico, pero ella fue la única que pudo tocarlo. Un mes después, un embarazo los unió. Él la protegió, la mimó y hasta se casó con ella, porque ya no quería perderla.