Rafael Ríos, el Maestro Supremo del Imperio, selló su poder tras la muerte de su esposa. Veinte años después, su hija Diana quiso restaurar el honor marcial. Héctor Pérez invitó al Rey de la Lucha Clandestina para destruirlos. Diana estuvo dispuesta a morir. Su sacrificio conmovió a Rafael. El Maestro Supremo regresó.