Los Barragán codiciaron por tres generaciones el panteón de los Cárdenas. Octavio lo cercó, cobró entrada y profanó las tumbas. Mateo arruinó la apertura con un cortejo fúnebre y logró clausurar el parque. Cuando Octavio buscó al presidente del Grupo Altacumbre, descubrió que era Mateo. Al final, lo perdió todo y Mateo compró todo por casi nada.