Para costear la operación de su padre, Adrián Montes entró al siniestro Grupo Perennia. El manual prohibía mirarse mucho en el espejo del ascensor, rechazar el té del jefe, dejar entrar a seis personas al baño y ver a Finanzas tramitar reembolsos de madrugada. Cuando sus colegas desaparecieron y fueron borrados, descubrió el secreto de la torre.