Un documento arrojado, un grito ahogado, dos mujeres observando en silencio… En esta sala, las hojas no se rasgan, se rompen relaciones. ¿Tu venganza? Yo me encargo no es una frase, es una promesa escrita entre líneas. 📄⚡
Él sonríe mientras el mundo se derrumba. Con ese chaleco, corbata y gesto burlón, no defiende a nadie: él *es* la anomalía. Cuando toca el brazo de ella, no es contacto… es declaración de guerra suave. ¿Tu venganza? Yo me encargo. 😏
Ella parece inocente, con su capa blanca y moño oscuro… hasta que sus ojos brillan con comprensión. No grita, no empuja —solo *observa*, y ya ganó la partida. ¿Tu venganza? Yo me encargo… y lo hace con una sonrisa de niña buena. 🎀👀
Su furia es tan anticuada como su corbata rayada. Grita, señala, tropieza… y justo cuando cree que manda, ella ni siquiera parpadea. El verdadero poder no está en la mesa: está en quién decide levantarse primero. ¿Tu venganza? Yo me encargo —y ya está hecha. 🕶️💥
Cuando Su está de pie, brazos cruzados, con esa expresión fría frente al caos… ¡es pura electricidad! Nadie habla, pero el aire vibra. ¿Tu venganza? Yo me encargo —y lo dice sin abrir la boca. 🐆✨