Me tiene enganchada la dinámica entre estos personajes. La chica con la chaqueta verde parece tener un secreto, pero el foco está en esa conexión imposible con la no-muerta. La escena del beso es visceral y extrañamente tierna. ¿Tengo que enamorar a una zombi? logra que te importen estos destinos cruzados en un mundo roto. La animación de los ojos rojos brillando da un miedo real.
Pensé que sería una típica historia de supervivencia, pero la aparición de la interfaz holográfica cambió las reglas del juego. El sistema parece estar evaluando el amor del chico, lo cual es hilarante y tenso a la vez. En ¿Tengo que enamorar a una zombi?, cada segundo cuenta y la presión por salvarla antes de que pierda el control es palpable. El padre mirando con incredulidad añade un toque de comedia necesario.
Los detalles visuales de este corto son impresionantes, desde la ropa desgastada hasta la piel pálida de la zombi. La química entre los protagonistas es eléctrica, incluso cuando ella está atada y furiosa. ¿Tengo que enamorar a una zombi? no tiene miedo de mostrar lo grotesco junto a lo hermoso. Ese momento en que él la abraza mientras ella gruñe es puro cine de emociones encontradas.
No puedo dejar de preguntarme si el beso fue por amor real o para calmar a la bestia. La ambigüedad moral de la situación es lo mejor de la trama. Mientras el sistema muestra corazones, la realidad es sangre y dientes. En ¿Tengo que enamorar a una zombi?, la línea entre humano y monstruo se desdibuja. La reacción de los testigos al final deja la puerta abierta a más caos.
La tensión en el callejón era insoportable hasta que ocurrió lo impensable. Ver cómo el protagonista enfrenta a la zombi con un beso en lugar de un arma fue un giro brillante. En ¿Tengo que enamorar a una zombi?, la mezcla de romance y terror se siente tan natural que olvidas que están en medio de un desastre. La expresión de conmoción del padre y la chica al fondo lo dice todo: nadie esperaba esa jugada maestra.