Al principio pensé que era solo una criatura mística más, pero cuando vi cómo enfrentaba a los zorros de fuego en ¡Se llevó a la Emperatriz Dragón!, entendí que su verdadero poder está en la calma. Esa mirada azul mientras el bosque ardía... escalofriante. No necesita rugir para dominar.
¡Esos zorros no son mascotas, son fenómenos naturales! Verlos aullar bajo la luna y luego escupir fuego como si nada me dejó boquiabierto. En ¡Se llevó a la Emperatriz Dragón! son el caos hecho pelaje. Y ese líder con el pecho en llamas... ¿quién lo apaga?
Los hongos brillantes, la niebla, los árboles cubiertos de musgo... todo en este mundo respira magia antigua. Cuando la serpiente blanca se mueve entre ellos, parece que el bosque la reconoce. En ¡Se llevó a la Emperatriz Dragón! el escenario es tan protagonista como los personajes.
No esperaba que la serpiente con cuernos de ciervo apareciera así, envuelta en oro y fuego, luchando contra los zorros en medio de un campo de batalla. ¡Se llevó a la Emperatriz Dragón! elevó el nivel con esa secuencia. Cada fotograma parece pintura en movimiento.
Ese zorro que sostiene la bola de fuego frente a la serpiente... no es solo un enemigo, es un rival con estilo. Su expresión desafiante, su pelaje ardiendo sin consumirse... en ¡Se llevó a la Emperatriz Dragón! roba cada escena en la que aparece. Quiero ver más de él.