¡Qué intensidad! Ver al protagonista herido pero sonriendo con esa mirada dorada mientras enfrenta a su oponente es simplemente épico. La transformación de la armadura y el uso de la energía oscura crean una atmósfera tensa que no te deja respirar. En ¡Ríndanse ante su Dios Profano! la dinámica de poder cambia constantemente, manteniéndote al borde del asiento. Ese momento en que detiene la espada de fuego con la mano desnuda y luego contraataca con una risa maníaca es puro cine de acción. La animación de las partículas y el entorno celestial añade una capa visual impresionante a la brutalidad del combate. Definitivamente una obra maestra del género.