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Mi amor, fue premeditado Episodio 3

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Mi amor, fue premeditado

Celia encontró a su prometido, Sergio, con su amante. Esa noche le dio un contrato a Raúl, el mejor amigo de Sergio, con un preservativo dentro: “¿Vamos a un hotel? Invito yo”. Así comenzó un juego de venganza. Ella lo usó para humillar a Sergio; él aceptó el juego, seducido por la emoción prohibida. Pero cuando Raúl apostó todo por ella, Celia descubrió que la partida había empezado diez años atrás.
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Crítica de este episodio

Ella no se deja intimidar fácilmente

Me encanta cómo la protagonista mantiene la compostura incluso cuando él intenta dominarla en el ascensor. En Mi amor, fue premeditado, ella demuestra que tiene carácter. Aunque él la persigue hasta el ascensor y la toca con posesividad, ella no baja la mirada. Es esa lucha de poder lo que hace que la trama sea tan adictiva de ver.

El contraste entre la habitación y el pasillo

La transición de la escena íntima en la cama a la frialdad del pasillo y el ascensor en Mi amor, fue premeditado es magistral. Pasan de la vulnerabilidad de la seda a la armadura de los trajes de negocios. Ese cambio de vestuario refleja perfectamente cómo se ponen máscaras para enfrentar el mundo exterior, aunque la tensión sexual siga latente.

Esa llamada telefónica lo cambió todo

Todo cambia con esa llamada en Mi amor, fue premeditado. Ella pasa de estar relajada en la cama a ponerse seria y salir corriendo. La expresión de él al verla irse es de pura frustración. Es curioso cómo un simple teléfono puede romper la burbuja de intimidad que habían creado y devolverlos a la realidad fría de sus vidas.

La elegancia del villano es innegable

Aunque su comportamiento en el ascensor sea tóxico, hay que admitir que en Mi amor, fue premeditado él tiene un estilo impecable. Ese abrigo negro sobre la camisa roja es una combinación de colores que grita peligro y pasión. Su presencia llena la pantalla y hace que cada segundo que comparte con ella sea eléctrico.

El silencio dice más que las palabras

Lo mejor de Mi amor, fue premeditado es lo que no se dice. En el ascensor, el silencio es pesado. Solo se escucha la respiración y el roce de la ropa. Cuando él le levanta la barbilla, la mirada de ella es una mezcla de miedo y deseo. Es una actuación sutil pero poderosa que transmite mil emociones sin un solo diálogo.

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