Lo más triste de La mentira del marido es ver a la pequeña Lucía jugando felizmente mientras su padre la engaña con su mejor amiga en la planta de arriba. El contraste entre la pureza de la niña y la suciedad de los adultos duele. Mateo Rivas debería avergonzarse de sí mismo por traicionar a su familia así.
Más allá del drama, la estética de La mentira del marido es preciosa. La villa de Alba Salas es un sueño, y la vestimenta de Paula Ruiz, especialmente ese vestido negro de encaje, es de otro mundo. La dirección de arte eleva esta historia de infidelidad a una obra visualmente impresionante. Cada plano está cuidado al detalle.
Cuando Mateo Rivas lleva a Paula Ruiz en brazos hacia la habitación, el corazón se me paró. Sabemos que Alba Salas está al teléfono o llegando, y la traición es máxima. La química entre los actores es innegable, aunque sus personajes sean detestables. La mentira del marido sabe cómo mantenernos al borde del asiento.
Ver a Alba Salas trabajando duro como ejecutiva mientras su esposo se divierte en casa rompe el corazón. Ella confía ciegamente en ellos dos, sin saber que la apuñalan por la espalda. La mentira del marido es un recordatorio doloroso de que a veces los enemigos están más cerca de lo que pensamos. Fuerza, Alba.
La escena en el coche, con la mano de Paula sobre la de Mateo y ese lápiz labial rojo, establece el tono perfectamente. No hacen falta palabras para entender lo que está pasando en La mentira del marido. La sutileza con la que se muestra la atracción prohibida es magistral y hace que el espectador se sienta cómplice.