Lo que más me enfada no es solo la madrastra, sino la llegada del padre que parece no notar el caos emocional. En Esta vez, la hija favorita seré yo, la indiferencia masculina es tan dañina como la agresión directa. Mientras la niña sangra y tiembla de miedo, él mantiene esa postura arrogante y fría. Es frustrante ver cómo la inocencia se rompe frente a adultos que deberían ser su refugio pero se convierten en sus verdugos silenciosos dentro de esa casa.
La escena donde la madrastra lanza el frasco y obliga a la niña a agacharse es de una violencia visual impactante. Esta vez, la hija favorita seré yo no tiene miedo de mostrar la fealdad humana en su estado más puro. La expresión de terror en los ojos de la pequeña, con su gorrito blanco manchado de lágrimas, contrasta brutalmente con la sonrisa sádica de la antagonista. Es un recordatorio de cómo el abuso doméstico a menudo ocurre detrás de puertas cerradas y sonrisas falsas.
No puedo dejar de pensar en la otra niña, la que viste de rojo y observa todo sin intervenir. En Esta vez, la hija favorita seré yo, su silencio es tan pesado como los gritos. ¿Siente culpa? ¿Miedo? La dinámica entre las hermanas añade una capa compleja a la trama. Mientras una sufre el castigo físico, la otra carga con el peso de ser la 'favorecida' o quizás la siguiente víctima potencial. La atmósfera de la casa se siente tóxica para ambas por igual.
El primer plano de la niña con la nariz sangrando mientras intenta limpiar el suelo es una imagen que no se borra. Esta vez, la hija favorita seré yo logra generar una empatía inmediata y dolorosa. No hace falta diálogo para entender la desesperación; sus sollozos ahogados lo dicen todo. La abuela presente pero pasiva añade más frustración a la escena. Es una montaña rusa de emociones que te deja con el corazón encogido y esperando un final justo para tanta injusticia.
Ver a la madrastra pisotear las pastillas y obligar a la niña a recogerlas del suelo es desgarrador. La tensión en Esta vez, la hija favorita seré yo es insoportable, especialmente cuando la pequeña llora desconsolada mientras la otra niña observa en silencio. Esos detalles de maltrato psicológico duelen más que los golpes físicos. La actuación de la niña transmite un dolor tan real que te hace querer entrar en la pantalla para protegerla de tanta maldad.