La transición de un salón de lujo a un cementerio de chatarra militar es brutalmente fascinante. Ver cómo el protagonista pasa de negociar con cajas brillantes a comandar un ejército de tanques restaurados me dejó sin aliento. La química entre los personajes y ese giro mágico final con energía azul elevan la trama de En el fin del mundo, yo infecto a los zombis a otro nivel. ¡Una montaña de suministros apareciendo de la nada es el sueño de cualquier superviviente!