Leo García investigó durante diez años la muerte de su padre, asesinado en la Isla del Este durante una inundación. Al regresar, los aldeanos le robaron una muestra de hongo azulado, la consumieron y sufrieron una intoxicación masiva. Lo culparon a él, pero Leo los grabó en vivo mientras confesaban sus crímenes. Así, la banda fue desmantelada y la justicia se cumplió.