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(Doblado) El despedido que enamoró a la Emperatriz Episodio 7

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(Doblado) El despedido que enamoró a la Emperatriz

Mateo, un chico de campo, fue despedido y expulsado, pero encontró un reloj que lo hizo viajar en el tiempo. Entre el presente y Dauria, usó recursos y conocimientos modernos para frenar la crisis de indemnizaciones y aplastar las provocaciones de Belcia. Enfrentó al canciller, conquistó a la princesa y coqueteó con la emperatriz. Al final, la ayudó a tomar el poder y ajustó cuentas en su mundo.
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Crítica de este episodio

Él no es un intruso, es el destino

El ministro desconfía, pero nosotros sabemos que este chico moderno es justo lo que necesita el palacio. En (Doblado) El despedido que enamoró a la Emperatriz, su llegada rompe la rigidez de la corte con humor y sinceridad. Cuando dice que solo está viendo a su futura esposa, no es arrogancia, es certeza. Y ella, aunque lo niega, ya está enamorada. Esa dinámica de los opuestos se atraen funciona perfectamente aquí.

Diez carretas de Cristal Celeste como dote

¡Imaginen pedir diez carretas de Cristal Celeste como dote! En (Doblado) El despedido que enamoró a la Emperatriz, ese detalle muestra lo extravagante y divertida que puede ser la protagonista. No es una dama pasiva; negocia, bromea y pone condiciones. Él, lejos de asustarse, acepta el reto con una sonrisa. Esa igualdad en la relación, aunque él sea de otro tiempo, es refrescante y muy bien escrita.

La ropa rara que enamora

Cuando ella le dice que su ropa está rarísima, no es un insulto, es el inicio de una complicidad. En (Doblado) El despedido que enamoró a la Emperatriz, esos comentarios sobre la moda moderna frente a la antigua son oro puro. Él no se ofende, al contrario, se ríe y promete cambiarse. Esos momentos ligeros alivian la tensión política y nos recuerdan que, al final, todo gira en torno a dos personas que se están conociendo.

Su Majestad ya lo dijo... y todos lo sabemos

La frase 'Su Majestad ya lo dijo' tiene un peso enorme, pero él la usa con picardía. En (Doblado) El despedido que enamoró a la Emperatriz, ese juego de poder disfrazado de broma es brillante. Ella finge indignación, pero en el fondo sabe que él tiene razón. La dinámica entre ellos es un baile constante de autoridad y sumisión, donde nadie gana del todo porque ambos están ganando en amor.

De miles a montones: la economía del amor

Él admite que solo tiene unos miles, pero planea convertirlos en un montón con las joyas del palacio. En (Doblado) El despedido que enamoró a la Emperatriz, esa conversación sobre dinero y valor es sorprendentemente profunda. No es codicia, es pragmatismo mezclado con romanticismo. Quiere darle lo mejor, incluso si significa saquear un poco el tesoro real. ¡Eso es amor verdadero!

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