Alejandro Torres, el Emperador Inmortal, creyó en Isabela Ríos y le dio su confianza. En el momento de su ascensión, ella lo traicionó y le arrancó sus huesos inmortales. Al borde de la muerte, su rival, Valentina Ríos, se interpuso y recibió el golpe por él. Lleno de arrepentimiento, Alejandro invirtió el tiempo y renació. Esta vez, supo distinguir el amor verdadero de la traición, y se propuso recuperar su poder y proteger a quien realmente lo merecía.
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