Mientras otros temblaban en las mazmorras, Lucía Ruiz las trató como su jardín. El lobo de nivel S, una bestia sanguinaria, era para ella un cachorro blanco que movía la cola. El jefe de nivel SSS, capaz de matar a cientos, era solo un hombre de larga cabellera y belleza celestial. Mientras todos luchaban por sobrevivir, Lucía sonrió al señor de la mazmorra: "No temas, qué adorables son".