Valeria Montes, periodista, llegó a la Aldea de las Máscaras para investigar. Una anciana muda la advirtió, y los aldeanos la observaron con desconfianza. Marco Rivas la hospedó y le dio reglas: no mirar las máscaras y no abrir la puerta al anochecer. Valeria rompió las reglas y descubrió que la habían elegido como nueva ofrenda para la Diosa Luna. Cuando la llevaron al altar, luchó por huir y el sangriento secreto del pueblo comenzó a revelarse.