Mateo y Camila viajaron a 1985 y, como enemigos en la fábrica, unieron fuerzas en secreto. Él reorganizó el taller e investigó un escándalo; ella vendió ropa en el mercado. Juntos limpiaron la corrupción y salvaron la fábrica de la quiebra. En los ochenta, padre e hija fueron la mejor pareja.