Valeria Salazar ocultó su identidad para ayudar a su amigo Alejandro Gil a construir su empresa. En la fiesta anual, la amante Carmen Ríos la acusó falsamente y Alejandro le quitó todo. Pero los clientes no eran amantes: eran su familia. Valeria recuperó sus contactos, retiró su apoyo y Alejandro perdió todo su imperio. Ella limpió su nombre y se vengó.