Julián Navarro viajó a una época de hambruna y, al borde de la muerte, obtuvo un sistema de afinidad que lo premiaba por conquistar corazones. Acogió a siete bellezas, incluida una princesa y una general, y con arroz, vino y artes marciales pasó de pobre despreciado a señor de su tierra. ¡Hasta el emperador codició su vino!