Alejandro Salazar, un maestro inmortal, cayó al mundo moderno y se convirtió en agente inmobiliario tras romper un jade millonario. Derrotó a un campeón, destruyó una maldición y enfureció a los Castillo, quienes congelaron su cuenta. Con su comprobante de salario impago, derribó bóvedas y destruyó el imperio Castillo. Salvó a su jefa, pero todos los magnates lo adoraron mientras él pedaleaba para no perder su bono de 200 yuanes.