Mateo Cruz soñaba con ser un superhéroe, aunque siempre lo arruinaba todo. Un día encontró una tecla mágica y obtuvo poderes increíbles. Pero cada habilidad venía con un efecto secundario ridículo: supervelocidad que lo hacía chocar, fuerza que rompía todo, y una voz prodigiosa que no podía controlar. Su vida escolar, ya caótica, se volvió aún más loca. Ser héroe no era tan fácil como pensaba.